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Nadie hablará de las diputaciones cuando hayan muerto

Publicado en eldiario.es, blog Desde el Sur

Se acabaron las diputaciones. En tres meses serán historia y nadie llorará por ellas. Es uno de los grandes titulares que se han trasladado sobre el acuerdo que este miércoles firman PSOE y Ciudadanos, y que parece poner un poco más cerca la investidura de Pedro Sánchez. La iniciativa nada muy a favor de corriente de la opinión pública, que tiene muy mala imagen de estas instituciones: la gente las ve anticuadas, ineficientes, refugio de ex alcaldes y pobladas por hordas de enchufados, cuando no nidos de corrupción como en el caso de las valencianas.

Algunos empiezan ya a hacer cábalas sobre qué va a pasar con sus 60.000 empleados en toda España o con los miles de millones que manejan. Otros, como los socialistas andaluces, alzan ya su voz de protesta y defienden la utilidad de unos organismos cuya desaparición dejaría huérfanos a miles de municipios pequeños con escasos recursos. Pero seguramente unos y otros estén yendo más rápido de la cuenta.

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No es Borgen, somos nosotros

Publicado en eldiario.es, blog Desde el Sur

Cada vez que nos enteramos de que un político de Dinamarca, de Alemania, de Suecia, de algún país tan moderno como esos, es forzado a dimitir por no pagar una multa, pagar chicles con dinero público o exagerar en su currículum, nos entra un ataque de coraje. “Igualito que en España”, le gritamos al televisor. “¡Aquí no dimite nadie!”, compartimos con nuestro vecino de mesa en el trabajo. Eso sí que son políticos, opinamos de los daneses, recordando lo honrados que son, y lo austeros que son, y lo flexibles que son para pactar y lo buena que es la serie Borgen. Allí gobierna el tercer partido más votado, ¡el tercero! nos asombramos en voz alta frente al espejo del baño. Qué envidia. Qué suerte tienen.

Pero, ¿y si por arte de magia fuéramos capaces de atravesar el espejo, y convertirnos de repente como ese simpático señor danés que se afeita antes de ir a trabajar mientras escucha contar en la radio, al Iñaki Gabilondo de allí, que en España el partido de la Gürtel, de la Púnica, de Bárcenas, de los sobres, de los ordenadores reventados a martillazos, del Luis sé fuerte, ha vuelto a ser el partido más votado en las elecciones generales?

 ¿Y si encima le dijeran que un mes y pico después de los comicios, con el presidente viendo pasar las horas muertas, Valencia ardiendo más que en fallas, su ex alcaldesa tras el visillo blindado del Senado, la de Jerez camino del Supremo, el “te quiero coño, Alfonso, coño”, … y si le dijeran que todas las encuestas vuelven a apuntar a que si volviéramos a las urnas el PP sería de nuevo el primero? La última, la de este diario esta misma semana, que sitúa a Rajoy apenas cuatro décimas por debajo del resultado del 20D. Como no sé danés, y sospecho que usted lector probablemente tampoco, déjeme traducirle al español lo que creo que pensaría nuestro protagonista, terminando de repasarse la patilla: “¡Igualito que en Dinamarca. Anda que aquí íbamos a votar otra vez a esos!”.

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Todo va a salir bien

Publicado en eldiario.es

Como periodista y aficionada a la comunicación política, tengo que admitir que el panorama al que asistimos, estos Juegos del Hambre de la supervivencia partidista, este House of Cards de la astucia y el colmillo afilado, estos Idus de Marzo de la táctica y el regate corto, es seguramente el tiempo más extraordinario y apasionante que le ha tocado vivir a mi generación, a aquellos que pasamos la Transición moldeando plastilina.

Una batalla de final incierto que tiene revolucionados a los asesores, inquietos a los mercados e hipnotizada a media España. Y siendo todo así de electrizante, ¿por qué no me divierte? ¿Por qué este desasosiego, esta irritación, este pellizco en la boca del estómago? ¿Por qué me descubro forcejeando exasperada con la cafetera mientras escucho la enésima entrevista con Pepa Bueno que no alumbra ningún final feliz a este cuento?

Todo va a salir bien, me digo. Al final todo se arregla, me repito recordando una canción que volví a escuchar hace poco. ¿Qué puede salir mal?, insisto mentalmente con el café ya en el fuego. ¿Que vayamos a nuevas elecciones en mayo y que al contar los votos volvamos al mismo atolladero en el que estamos ahora, incluso cambiando de candidatos? ¿Que se logre un pacto de investidura cogido con alfileres, un poco de aquí, un poco de allá, para una legislatura de trámite a la espera de volver a las urnas? ¿Que se alcance un pacto de Gobierno PSOE-Podemos en el que Pedro Sánchez sea un muñeco zarandeado por sus socios y el tiempo se pierda en pulsos telelevisivos? ¿Que al filo de la campana suene la gaita -cada vez menos improbable- y el PP consiga salvarse, seguramente sin Rajoy, pero con toda su mochila de recortes, sobresueldos, casos Acuamed y tramas valencianas?

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Postureo del bueno

Publicado en eldiario.es

Hace unos días una amiga, afiliada a Podemos, me explicaba su decisión de abandonar IU, su opción de siempre, en términos sobre todo prácticos: los de Pablo Iglesias, argumentaba, quieren ganar y saben cómo hacerlo. Si eso implica dar marcha atrás en sus promesas de juventud (como la renta básica universal), remodelar sus mensajes, pintar líneas rojas que hasta ahora no conocíamos o exagerar un poquito en sus discursos públicos, sea. Es preferible algo de picardía política  y  conquistar votos a ser los más puros del cementerio, venía a decir.

Ayer los de Podemos volvieron a dar, en el el estreno del Congreso de los Diputados, un ejemplo de ese estilo efectista y pragmático, cuidadosamente calculado, muy rentable hasta ahora en términos de imagen y estrategia, pero que puede caer en la sobreactuación. El cabreo de Pablo Iglesias contra el PSOE por el acuerdo para la composición de la Mesa de la Cámara -“qué vergüenza, Pepa, qué vergüenza”, repetía con voz grave en la SER- sonaba forzado e incluso teatral. Las promesas del cargo trufadas de denuncia social, puño en alto, un poquito demasiado ensayadas. Incluso los abrigos colgados informalmente en el respaldo de los asientos, en lugar de en los percheros de la entrada, como se hace habitualmente, daban qué pensar.

Y sí, también que Carolina Bescansa se presentara en el hemiciclo con su bebé, que pasó de mano en mano para atraer a los fotógrafos. Una decisión respetable en lo personal pero confusa y  discutible en lo político, con la que pretendían -han explicado- reivindicar la conciliación familiar y laboral de las mujeres. ¿Postureo? Tal vez, reconocen los simpatizantes morados. Pero por una buena causa.

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¿Perdió Rajoy?

Publicado en eldiario.es, blog Desde el Sur

Que un desprecio a la democracia como el que protagonizó Rajoy al huir del debate del lunes sea al mismo tiempo un probable acierto estratégico y de campaña dice bastante del camino que todavía tiene que recorrer la sociedad española en términos políticos. Esta ausencia sería inadmisible en la mayoría de países de nuestro entorno, y es verdad que también aquí en España daña de forma evidente la imagen del presidente, escondido en Doñana.

Pero los gurús del PP han hecho sus cálculos y creen que hubiera sido peor ir al debate: Rajoy es demasiado viejuno y anticuado para el modernismo de Albert, Pedro y Pablo. También está demasiado tocado por el escándalo Bárcenas. No. Los cerebros de Génova están convencidos de que la estrategia del avestruz era la menos mala. Y lo más frustrante y desalentador, a la luz de unas encuestas que no dejan de situar al PP como primera fuerza el 20D, es que puede que tengan razón.

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Heroínas

Foto oficial de la película 'Los juegos del Hambre'

“Me habría gustado que te cayeras, para así poder ayudarte”. Me lo susurró bajito, desde su saco de dormir, justo antes de quedarse dormido. Los dos estábamos tiritando de frío, con el abrigo puesto, calcetines en las manos, el cuerpo encogido al fondo de la tienda de campaña. Mirándonos en la oscuridad con la rabiosa felicidad de nuestros 20 años, tras un día de agotadora excursión por la sierra. No, yo no me había caído. Había seguido el ritmo con mis botas nuevas, feliz como una perdiz, trepando por las piedras, atravesando riachuelos, observando pájaros y bichos. Mientras, su primo cargaba a caballito a su novia casi la mitad del camino, entre grititos, por miedo a que se tropezara. Me estaba riendo al recordarlo, abrazada a él, con los ojos casi cerrados, cuando me dijo al oído: “Me habría gustado que te cayeras tú, para poder ayudarte”. Con un tono en el que había un dulce fondo de envidia, de humillación y también de un cierto reproche. Y yo me sentí culpable por no haberme caído. Por no haberle necesitado.

No, no gustan las mujeres fuertes. Por coquetería, por no intimidar, por no parecer arrogantes, por no salirnos del tiesto, nos educan para mostrarnos más débiles e indefensas de lo que realmente somos. Nos faltan más referentes a nuestro alrededor que nos enseñen que no debemos tener miedo a ser las más listas de la reunión, que podemos ir de pie en el autobús, que no hace falta ocultar que sabemos montar estanterías de Ikea sin ayuda, que incluso con tacones (y dos copas) somos capaces de volver a casa solas.

Necesitamos menos Bellas y más bestias como Amy Schumer, la cómica americana que no tiene miedo a decir tacos o hablar de sexo y que consigue transmitir los valores feministas por la vía más rápida: el humor. Necesitamos más personajes como la protagonista de Los Juegos del Hambre –esta semana se estrena el último episodio de la saga que no sólo es más fuerte y más valiente que su pareja masculina, sino también (sacrilegio!) más alta. Necesitamos más CJ Cregg, la jefa de prensa de El Ala Oeste de la Casa Blanca, una serie donde no hay mujer (ni hombre) que no sea un asombro de valía, compromiso e inteligencia. Necesitamos más Susanas, más Hillarys, incluso más Angelas Merkel.

Hoy es el día contra la violencia de género y los medios de comunicación se inundan con noticias de asesinatos y con los testimonios de las mujeres maltratadas. Nos sobrecogemos con su sufrimiento, que a menudo reconocemos en personas muy cercanas a nosotros. Escuchamos a los expertos y tomamos conciencia de la importancia de denunciar cada agresión. Es una labor fundamental, imprescindible. Y sin embargo, tengo que confesar que a veces echo en falta un relato que vaya un poco más más allá de presentar a las mujeres como víctimas. Una visión, por el contrario, que alimente nuestra confianza, nuestra autoestima, nuestra libertad. La alegría de haber nacido como somos, sin miedo y sin pedir perdón.

 

¿Entreguismo o astucia?

¿Acierta Ciudadanos con su geografía variable -apoyo a Cifuentes en Madrid y a Susana Díaz en Andalucía? ¿O es una traición a sus electores, como dicen otros?

En el cine y las series de televisión, desde la idealista El Ala Oeste (mi favorita) a la diabólica House of Cards, pasando la inclasificable y absurda Scandal, los estrategas políticos son siempre esos tipos (y tipas) trajeados y astutos que tienen la mala manía de acertar siempre, y cuyas tácticas logran indefectiblemente su objetivo. Con más o menos escrúpulos, con ejemplos de ética dignos de un Nobel o arrojando al enemigo delante de un tren, al final 9 de cada 10 veces consiguen salirse con la suya. Pero en la vida real (¡ay, demasiado real a veces!), hemos aprendido que a menudo esos gurús de 300.000 euros al año son un poco como los pimientos de padrón. A veces aciertan, y otras…

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