CalendariA

Publicado en eldiario.es

“Aberración”. “Degeneración”. “Vergüenza”. “Insultante”. “Lamentable”. “Retrógrado”. “Extremista”. “Incita a la violencia”. “Si la Fiscalía se querella, yo lo aplaudo”. “¿A esta hora aún no ha sido cesado el responsable?”. “Hay que estar enfermo”. “Estamos volviéndonos locos”. “Me da asco, no sé decirlo de otra manera”.

Estos que estás leyendo son comentarios reales, de personas reales, aparecidos en los últimos días en redes sociales, blogs, artículos de prensa y tertulias de opinión. ¿Hablaban tal vez del caso de abusos sexuales en la Universidad de Sevilla? ¿De la corrupción? ¿Del muro de Trump? ¿De los refugiados que se congelan en Lesbos? ¿Del último atentado del ISIS?  No, no. Hablaban del  Calendaria, el almanaque de 2017 publicado por la Universidad de Granada, en el que para llamar la atención sobre la desigualdad de las mujeres se les ha ocurrido rebautizar los meses del año en femenino: enera, febrera…

>sigue leyendo

Anuncios

Caso cerrado, caso abierto

Publicado en eldiario.es

¿Han obtenido justicia las tres mujeres víctimas de abusos sexuales sistemáticos a manos del ex decano de la Facultad de Educación?  La sentencia conocida esta semana, casi siete años de cárcel, debería hacernos pensar que sí.  La decisión de la Universidad de Sevilla de suspenderlo cautelarmente de sus funciones una vez conocido el fallo, se supone que también. Pero no. Qué va. Ni mucho menos. Los detalles que vamos conociendo del caso, desde que empezaron a cometerse los abusos hasta hoy, más de una década después, provocan más dudas, estremecimientos y rabia. Mucha rabia.

¿Han hecho el juez, la Universidad, la Facultad, todo lo que podían para proteger a estas mujeres durante este tiempo? Muchos elementos apuntan a que no. No del todo, al menos. Pero la opción contraria, que todo fue correcto, es si cabe más dolorosa.

>Sigue leyendo

Donde más duele

Publicado en eldiario.es

Para muchos, el esperado mitin de Susana Díaz y José Luis Rodríguez Zapatero de este viernes en Jaén  tiene el morbo de ser el (penúltimo) pistoletazo de salida en la carrera por el poder en el PSOE. Frente a los eventos bastante descafeinados de  Pedro Sánchez en Valencia y Asturias, y la relativamente modesta demostración de los críticos ayer en Sevilla, el partido ha preparado en esta ocasión un baño de militancia. El eslógan: los diez años de la aprobación de la Ley de Dependencia, un hito histórico que sirve también a la presidenta andaluza para retomar la iniciativa en un terreno, el de las políticas sociales, que seguramente nunca habría imaginado que pudiera convertirse en uno de sus flancos débiles.

>Sigue leyendo

Susana sí, Pedro tampoco

Susana Díaz y Pedro Sánchez participan el próximo lunes en un acto en Granada

Dicen los veteranos que nunca, desde el pulso entre guerristas y renovadores de finales de los 80, el PSOE había estado tan dividido ni se había enfrentado a una situación tan crítica. Con el agravante, nada banal, de que entonces el partido ocupaba el Gobierno de España y contaba con el apoyo de más de nueve millones de votos. Hoy, las sucesivas debacles electorales desde el año 2011 y una guerra interna que se prevé sangrienta amenazan con conducir al partido, no a un fin de época, sino como hace un tiempo escuché decir con pesadumbre a una destacada personalidad socialista, a un “fin de historia”.

>> Sigue leyendo en eldiario.es

¿Nos hemos perdido algo en el escándalo Soria?

Hay quien cree en los Reyes Magos, hay quien cree en los gnomos, hay quien cree en las casualidades y hay quien cree que en el PP es normal que se produzcan rebeliones internas espontáneas en contra de una decisión avalada por Mariano Rajoy. Si me preguntan a mí, yo sólo creo en los Reyes Magos (y no en todos). Así que permítanme que, con razón o sin ella, levante una ceja ante la insólita cascada de críticas desatada estos días entre algunos dirigentes del PP a cuenta del retiro de oro en el Banco Mundial que el Gobierno había buscado para el ex ministro Soria, implicado en el caso de los papeles de Panamá. Una polémica que ha acabado con la renuncia del ex ministro al puesto, anunciada este martes.

Seguir leyendo en eldiario.es

¿La vida sigue?

Fueron apenas unos segundos dentro de la intensa cobertura televisiva del salvaje atentado de Niza. Las cámaras habían regresado a la Promenade des Anglais, el paseo marítimo por donde el fantasmal camión blanco, verdadero diablo sobre ruedas, había arrollado a la multitud menos de 24 horas antes. En el escenario del terror, con el rastro de la tragedia iluminado por la suave la luz de la costa azul, el reportero tomaba unas declaraciones a un joven turista, gorra con visera, gafas de sol, a punto de bajar a la playa. “Tenemos que seguir con nuestras vidas -venía a decir el entrevistado-, es el mejor mensaje que podemos enviar a los terroristas, que sepan que no pueden con nosotros, que no pueden condicionarnos”.

Recordé en ese momento los días posteriores al 11-S en Nueva York, cuando las salas de Broadway decidieron abrir sus puertas fieles al dicho teatral de que “el espectáculo debe continuar”. Recordé las famosas fotografías del Londres bombardeado por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, aquellas en las que un lechero depositaba diligentemente la botella frente a la puerta de un edificio casi en ruinas, o en la que un grupo de hombres con sombrero buceaba con parsimonia entre los libros de una biblioteca con el techo reventado por las bombas, entre montañas de escombros.

Sigue leyendo en eldiario.es

 

Mujeres difíciles al poder

¿Quién es Theresa May, que ayer tomó posesión como primera ministra británica y a la que ya han bautizado -originalidad ante todo- como la nueva “Dama de Hierro” tras Margaret Thatcher? Si nos fiamos de lo que están contando a la prensa sus conocidos, amigos, adversarios y compañeros de partido, Theresa May es una mujer “diligente”, “muy trabajadora” y “muy preparada”, aunque “no demasiado creativa”. Es también una mujer “reservada” que puede a menudo parecer “fría” y “distante” hasta haberse ganado entre algunos el apodo de “Reina de Hielo de Westminster“. “No es fácil trabajar con ella”, resume un colega al referirse a su carácter fuerte, mientras otros la califican de “dura”, “terca”, “autoritaria” o incluso “manipuladora”. Un antiguo dirigente conservador, en un desliz ante un micrófono encendido, no se ha andado con rodeos: “Es una mujer endemoniadamente difícil“, ha dicho. Caray con Theresa. Sabe hacer amigos.

Ahora trate el lector de hacer un ejercicio: regrese al párrafo anterior y pruebe a sustituir el nombre de Theresa May por el de Hillary Clinton, Angela Merkel, Dilma Rousseff, Christine Lagarde, Condoleeza Rice, Madeleine Albright, o la propia Margaret Thatcher. ¿A que le suena haber oído lo mismo de ellas? La conclusión es chocante. Una de dos: o todas las mujeres poderosas son iguales, o a todas las mujeres poderosas las vemos igual. Las dos opciones, claro, igualmente inquietantes. Preguntémonos, ¿es que no hay más adjetivos en el diccionario para describir el liderazgo femenino? ¿Por qué parece que se juzga a los hombres por sus acciones y a las mujeres por su carácter? ¿No sonaría ridículo e inverosimil que describiéramos con las mismas palabras a Vladimir Putin y Pepe Mugica, a Obama y Kim Jong Un, a Donald Trump y a Nelson Mandela?

Sigue leyendo en eldiario.es