Categoría: General

Hombres: #youtoo

Publicado originalmente en eldiario.es

Durante los últimos días, a raíz de destaparse el caso Weinstein, el todopoderoso productor de Hollywood acusado de acosar, abusar y violar a decenas de actrices en las últimas décadas, se ha desatado en las redes sociales una campaña que ha tenido un rápido impacto. Seguramente lo hayais visto. Bajo el hashtag #metoo, decenas, cientos, miles de mujeres están haciendo visible lo generalizado que está está el acoso y la violencia sexual. Te llames Angelina Jolie o seas esa trabajadora corriente a la que llaman a horas raras al despacho o recibe mensajes improcedentes. En lujosas habitaciones de hotel, tras la barra de una cafetería, en la esquina de la fotocopiadora.

A mí también me ha pasado, proclaman, en una campaña muy parecida a aquella #amitambien que puso en marcha con acierto este diario para denunciar el micromachismo. Hace unas semanas, en una de mis últimas columnas, retaba al lector a hacer la prueba: bastaba preguntar a las mujeres más cercanas para descubrir que todas, o casi todas, tenían alguna historia seria que contar. Y cómo ninguna, o casi ninguna, había encontrado la motivación para presentar una denuncia.

Y mientras muchas mujeres decimos “yo también”, mientras llenamos charlas y tertulias contra el machismo a las que solo nos invitan a nosotras, mientras compartimos campañas y llenamos nuestros muros de facebook con la denuncia del último asesinato, mientras nos damos calor y nos quitamos juntas el miedo, ¿qué hace la otra mitad de la sociedad? ¿Qué hacen los hombres?.

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A mí me pasa

Imágenes de una concentración en Barcelona en 2013 por una Cataluña dentro de España, con doble bandera

Publicado originalmente en eldiario.es

Apago la radio y me descubro regresando mentalmente a mi escena favorita de la maravillosa  La Buena Estrella, dirigida por Ricardo Franco. Un inusual triángulo amoroso entre Maribel Verdú, Antonio Resines y Jordi Mollá que se ve amenazado por el clásico ultimátum: o él o yo, exige el personaje de Resines. “Yo os quiero a los dos”, empieza a responder ella, pero la interrumpe: “Eso es imposible, Marina. O le quieres a él o me quieres a mí”. Ella se detiene, con mirada desconcertada, y pregunta: “¿Por qué es imposible? A mí me pasa”.

Estos días, me pasan muchas cosas a la vez. Me pasa que estoy cansada de hablar de Cataluña, pero de la mañana a la noche no dejo de hablar de Cataluña. Que me propongo muchas mañanas darme un descanso, y al final del día me descubro como siempre devorando digitales, tertulias, tuits. Incluso me prometí no escribir de Cataluña, y aquí estamos. Sigue leyendo

Billetes en el retrete

 Kris McKay / Solomon R. Guggenheim Foundation

Kris McKay / Solomon R. Guggenheim Foundation

Publicado originalmente en eldiario.es

Una de las leyendas urbanas de los 80 aseguraba que las alcantarillas de Nueva York estaban infestadas de caimanes. Según contaban, eran antiguas mascotas que al crecer habían sido arrojadas al inodoro por sus excéntricos dueños. La verdad es que no se conocen incidentes con cocodrilos en la Gran Manzana, pero de cuando en cuando sí nos llegan noticias de otros lugares del mundo sobre personas atacadas por reptiles emboscados al fondo del váter. En Tailandia, una pitón de tres metros casi mata a un hombre que estaba sentado en la taza. En Australia fue una serpiente venenosa. Sigue leyendo

Todas las mujeres

 

Publicado originalmente en eldiario.es, blog Desde el Sur

Una, utilizada por un famoso psiquiatra en el momento más vulnerable de su vida. Otra, abusada por su ginecólogo estando embarazada. La tercera tuvo que dejar su trabajo, e irse al paro, para dejar de sufrir el acoso sexual y laboral del jefe encantador que la convenció de que fichara por su empresa. La cuarta aún recuerda lo sufrido en su infancia y aquel hombre que la manoseó durante las fiestas del pueblo. La quinta tuvo que salir de su casa a la carrera y refugiarse en un centro de acogida. La sexta fue asaltada mientras estaba de vacaciones. La séptima se libró por los pelos y durante mucho tiempo guardó en el bolso un spray antivioladores. La octava aún está averiguando cómo bloquear a su ex, que la atosiga a llamadas, mensajes, emails y se presenta sin avisar en su portal. La novena se quedó petrificada cuando el cerrajero que acababa de forzar su puerta le sugirió que pagara con sexo. La décima se siente con suerte, todo lo que puede recordar son imágenes de hombres frotándose contra ella en el autobús. Entonces ni siquiera sabía que eso podía ser delito.

Completar este listado no ha necesitado tirar de google. Ni de hemeroteca. Ni de teléfono. No he tenido que ir muy lejos para conocer estas historias. No hay que alejarse mucho, ni asomarse a ningún telediario o crónica de sucesos para encontrar relatos parecidos a estos. Les ocurren a todas (casi todas) las mujeres. Y no hablo de casos de micromachismo, de discriminación laboral o de sexismo en las relaciones sociales, sobre los que queda tanto por discutir. Hablo de situaciones de violencia. ¿No me crees? ¿Te parece que exagero? Haz la prueba. Haz memoria. Pregunta a tu alrededor.

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Un día sin nosotras

No sé si esto valdrá para algo, me digo al levantarme mientras revuelvo en los cajones en busca de una camiseta o un jersey rojo. Hoy, 8 de marzo, plataformas feministas de todo el mundo han convocado una huelga bajo el lema #adaywithoutawoman. Durante el día de hoy se llama a las mujeres a no trabajar, no consumir, no hacer tareas domésticas y vestir de rojo para reivindicar la igualdad. La protesta ha partido desde Argentina y rápidamente ha sido replicada en muchos países, con mucha fuerza en Estados Unidos, donde el movimiento #WomensMarch se ha convertido en uno de los frentes más potentes ante las políticas de Donald Trump.

No sé si valdrá de algo, me repito, teniendo en cuenta que soy autónoma, tengo el frigorífico lleno, poco más que un par de gatos que cuidar y además sigo sin encontrar el dichoso jersey.

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Trump, ¿el salvador de la prensa?

La guerra declarada por Donald Trump contra los medios puede ser “el mejor regalo para el periodismo”, dice la prestigiosa web norteamericana politico.com. “¿Puede Trump hacer el periodismo grande de nuevo?”, apunta por su parte el diario británico The Spectator. Quizá tú, lector, tengas la tentación de preguntarte, cual ministro sueco, qué se han fumado estos articulistas que parecen aplaudir las maneras dictatoriales del nuevo presidente norteamericano. Por qué no tiemblan ante la perspectiva de un mandato plagado, como la campaña electoral, de mentiras flagrantes, hechos alternativos y ataques frontales a la libertad de prensa.

Y sin embargo, puede que tengan razón (o no). Después de años de declive económico, de fuga de lectores, de recortes y despidos, de ensayar todas las fórmulas (im)posibles para ser rentables, los medios parecen haber encontrado, como decía el personaje de Oskar Schindler en la película de Spielberg, la clave que separa el éxito y el fracaso: la guerra.

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Déjame jugar contigo, Donald

Publicado en eldiario.es

Los expertos en psicología lo denominan “el triángulo del bullying”: los tres perfiles sobre los que se sostiene una situación de acoso. Está el acosador, está la víctima, y están los testigos. A primera vista estos últimos pueden parecer una figura menor en la historia, pero son en realidad la pieza maestra sin la cual el engranaje de la violencia no podría seguir en movimiento. Los psicólogos distinguen entre espectadores activos o reforzadores, que son los que jalean al abusón, le ríen las gracias, le justifican y en ocasiones pueden incluso imitar sus acciones. Y están los espectadores pasivos o ajenos, que observan, callan, se dan excusas para no actuar. Unas veces, por miedo a ponerse en la diana. Otras, porque la pertenencia al club de los fuertes les ofrece ventajas a las que no desean renunciar.

En su relación con el Bush de las armas de destrucción masiva, la ‘Patriotic Act’ y la apocalíptica invasión de Irak, José María Aznar se comportó como los primeros. Maravillado de ver sus propios zapatos sobre la mesa de los jefes, apoyó una guerra ilegal, propagó sin empacho la mentira de las armas y autorizó el paso por España de presos camino de Guantánamo. Todo para sentir sobre su hombro la mano de un Bush al que ahora algunos empiezan a recordar con inquietante ternura (lo cual demuestra que la historia se reescribe cada minuto y que no hay refrán más cierto que aquel que dice que “alguien llegará que bueno te hará”).

Mariano Rajoy, ya lo sabemos, no se parece Aznar. Pero el presidente también parece desear un hueco en la nueva foto de las Azores, aunque sea en una esquinita, aunque no sea esta vez su flequillo el que despeine el viento. Al menos eso puede interpretarse de su medrosa llamada telefónica de esta semana a un matón político como es Donald Trump.

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