Etiquetado: Mujer

Si te violan grita fuego

Protesta La Manada

Es imposible leer la sentencia de La Manada sin sentir un profundo estremecimiento de rabia, asco, dolor, mucho miedo. Imposible no verse a una misma atrapada en aquel cubículo y sentir cómo la angustia, la claustrofobia, el pánico suben como el vómito por la garganta. Lo que contienen las 371 páginas del fallo no es una película porno, como argumentó indecentemente la defensa: es una película de terror. Una pesadilla que línea a línea se hace cada vez más insoportable.

Es difícil, imposible leer el relato de hechos probados y entender cómo piensan los jueces que no fue una violación. Cómo pueden dar por bueno que la chica nunca consintió los hechos, que estaba acorralada por cinco hombres, sin capacidad de reacción ni escapatoria, usada como un objeto, humillada, y acabar concluyendo que no se produjo intimidación. Que no la crean cuando dice que entró en shock de puro pánico. Que no aceptaran las pruebas telefónicas de que La Manada había planeado esta agresión antes de llegar a Pamplona. Imposible comprender cómo puede aplicarse aquí el mismo delito de abuso que al tío que te mete mano en el autobús.

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La igualdad de las pioneras

En la fotografía en blanco y negro que figura en su registro como diputada, y que a ella no le gusta demasiado, Ana María Ruiz-Tagle (Sevilla, 1944) lleva unas grandes gafas de pasta, el pelo oscuro, y parece dudar entre sonreír o mostrarse seria. La ficha la describe como “casada” y “abogada laboralista”. Así, por ese orden. Es julio de 1977 y esta abogada de 33 años, criada entre las cigarreras de la Fábrica de Tabacos que dirigía su padre, fundadora del primer despacho laboralista de Andalucía junto a Felipe González, acaba de hacer historia al convertirse en una de las 27 mujeres elegidas en las primeras Cortes de la recién nacida democracia.

Foto de Ana Ruiz Tagle en la ficha del Congreso

Son 21 diputadas y seis senadoras socialistas, comunistas, de la UCD, de CiU, de Alianza Popular, que en las imágenes de la época salpican aquí y allá, como pequeños puntos de luz, unos escaños ocupados abrumadoramente por los trajes y corbatas oscuros. Descubrirlas en aquellas primeras sesiones del Congreso y el Senado, entre 637 hombres, es un poco como buscar a Wally, y así se sentían ellas. “Éramos muy pocas las que estábamos tirando de ideas nuevas, nos sentíamos como las antiguas sufragistas“, recuerda Ruiz-Tagle, que está unas horas en Sevilla para acompañar a su amiga María Izquierdo, otra de las diputadas  constituyentes, que recibe un premio Meridiana de la Junta por su larga trayectoria en defensa de los derechos de la mujer.

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Todas las muertes de Ilham y Souad

Ilham y Souad no han muerto en un accidente. No han sido víctimas de la fatalidad. Las dos porteadoras marroquíes que han perdido la vida esta semana en el paso del Tarajal, en Ceuta, no han tenido un golpe de mala suerte. Nadie que conozca un poco ese lugar puede pensarlo. Nadie que haya visto la indignidad de una frontera que convierte a estas trabajadoras, apodadas “mulas”, en eso, en simple ganado.

Durante mis años en Marruecos pasé decenas de veces por allí y no se me borra la imagen insoportable de estas mujeres dobladas por el peso de los fardos de mercancías que transportan. Verlas moverse en masa, empujadas, agredidas, humilladas, por la policía de uno y otro lado. Sometidas a interminables esperas al sol, bajo la lluvia o expuestas al frío. Sin agua, sin baños, sin ningún tipo de servicio. Recuerdo preguntarle a mi madre, mientras esperábamos en el coche a que se abriera la barrera, por qué eran tan estrechos esos pasillos de metal y alambre por donde tenían que desfilar apretujadamente. Qué hacían mujeres tan mayores con cargas tan pesadas. Por qué nadie las ayudaba.

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Veto a los anuncios de sexo: bien, pero tarde

Publicado originalmente en eldiario.es

La presidenta de  la Junta de Andalucía acaba de anunciar que no insertará publicidad, ni firmará contratos, ni dará subvenciones a los medios de comunicación que publiquen anuncios de prostitución, por atentar contra la dignidad de las mujeres.

Quizá a ti, lector, te puede parecer que este tipo de avisos por palabras son cosa del pasado, caspa de los ochenta, residuos de las mamachicho, pero la realidad es que grupos muy importantes de comunicación continúan a día de hoy captando ingresos a través de esta actividad. Anuncios clasificados bajo la etiqueta de “contactos”, “relax” o “masajes” tras los que se esconden incontables casos de violación, trata de personas, secuestro, explotación y abusos.

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Hombres: #youtoo

Publicado originalmente en eldiario.es

Durante los últimos días, a raíz de destaparse el caso Weinstein, el todopoderoso productor de Hollywood acusado de acosar, abusar y violar a decenas de actrices en las últimas décadas, se ha desatado en las redes sociales una campaña que ha tenido un rápido impacto. Seguramente lo hayais visto. Bajo el hashtag #metoo, decenas, cientos, miles de mujeres están haciendo visible lo generalizado que está está el acoso y la violencia sexual. Te llames Angelina Jolie o seas esa trabajadora corriente a la que llaman a horas raras al despacho o recibe mensajes improcedentes. En lujosas habitaciones de hotel, tras la barra de una cafetería, en la esquina de la fotocopiadora.

A mí también me ha pasado, proclaman, en una campaña muy parecida a aquella #amitambien que puso en marcha con acierto este diario para denunciar el micromachismo. Hace unas semanas, en una de mis últimas columnas, retaba al lector a hacer la prueba: bastaba preguntar a las mujeres más cercanas para descubrir que todas, o casi todas, tenían alguna historia seria que contar. Y cómo ninguna, o casi ninguna, había encontrado la motivación para presentar una denuncia.

Y mientras muchas mujeres decimos “yo también”, mientras llenamos charlas y tertulias contra el machismo a las que solo nos invitan a nosotras, mientras compartimos campañas y llenamos nuestros muros de facebook con la denuncia del último asesinato, mientras nos damos calor y nos quitamos juntas el miedo, ¿qué hace la otra mitad de la sociedad? ¿Qué hacen los hombres?.

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Todas las mujeres

 

Publicado originalmente en eldiario.es, blog Desde el Sur

Una, utilizada por un famoso psiquiatra en el momento más vulnerable de su vida. Otra, abusada por su ginecólogo estando embarazada. La tercera tuvo que dejar su trabajo, e irse al paro, para dejar de sufrir el acoso sexual y laboral del jefe encantador que la convenció de que fichara por su empresa. La cuarta aún recuerda lo sufrido en su infancia y aquel hombre que la manoseó durante las fiestas del pueblo. La quinta tuvo que salir de su casa a la carrera y refugiarse en un centro de acogida. La sexta fue asaltada mientras estaba de vacaciones. La séptima se libró por los pelos y durante mucho tiempo guardó en el bolso un spray antivioladores. La octava aún está averiguando cómo bloquear a su ex, que la atosiga a llamadas, mensajes, emails y se presenta sin avisar en su portal. La novena se quedó petrificada cuando el cerrajero que acababa de forzar su puerta le sugirió que pagara con sexo. La décima se siente con suerte, todo lo que puede recordar son imágenes de hombres frotándose contra ella en el autobús. Entonces ni siquiera sabía que eso podía ser delito.

Completar este listado no ha necesitado tirar de google. Ni de hemeroteca. Ni de teléfono. No he tenido que ir muy lejos para conocer estas historias. No hay que alejarse mucho, ni asomarse a ningún telediario o crónica de sucesos para encontrar relatos parecidos a estos. Les ocurren a todas (casi todas) las mujeres. Y no hablo de casos de micromachismo, de discriminación laboral o de sexismo en las relaciones sociales, sobre los que queda tanto por discutir. Hablo de situaciones de violencia. ¿No me crees? ¿Te parece que exagero? Haz la prueba. Haz memoria. Pregunta a tu alrededor.

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Un día sin nosotras

No sé si esto valdrá para algo, me digo al levantarme mientras revuelvo en los cajones en busca de una camiseta o un jersey rojo. Hoy, 8 de marzo, plataformas feministas de todo el mundo han convocado una huelga bajo el lema #adaywithoutawoman. Durante el día de hoy se llama a las mujeres a no trabajar, no consumir, no hacer tareas domésticas y vestir de rojo para reivindicar la igualdad. La protesta ha partido desde Argentina y rápidamente ha sido replicada en muchos países, con mucha fuerza en Estados Unidos, donde el movimiento #WomensMarch se ha convertido en uno de los frentes más potentes ante las políticas de Donald Trump.

No sé si valdrá de algo, me repito, teniendo en cuenta que soy autónoma, tengo el frigorífico lleno, poco más que un par de gatos que cuidar y además sigo sin encontrar el dichoso jersey.

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