Etiquetado: violencia de género

Hombres: #youtoo

Publicado originalmente en eldiario.es

Durante los últimos días, a raíz de destaparse el caso Weinstein, el todopoderoso productor de Hollywood acusado de acosar, abusar y violar a decenas de actrices en las últimas décadas, se ha desatado en las redes sociales una campaña que ha tenido un rápido impacto. Seguramente lo hayais visto. Bajo el hashtag #metoo, decenas, cientos, miles de mujeres están haciendo visible lo generalizado que está está el acoso y la violencia sexual. Te llames Angelina Jolie o seas esa trabajadora corriente a la que llaman a horas raras al despacho o recibe mensajes improcedentes. En lujosas habitaciones de hotel, tras la barra de una cafetería, en la esquina de la fotocopiadora.

A mí también me ha pasado, proclaman, en una campaña muy parecida a aquella #amitambien que puso en marcha con acierto este diario para denunciar el micromachismo. Hace unas semanas, en una de mis últimas columnas, retaba al lector a hacer la prueba: bastaba preguntar a las mujeres más cercanas para descubrir que todas, o casi todas, tenían alguna historia seria que contar. Y cómo ninguna, o casi ninguna, había encontrado la motivación para presentar una denuncia.

Y mientras muchas mujeres decimos “yo también”, mientras llenamos charlas y tertulias contra el machismo a las que solo nos invitan a nosotras, mientras compartimos campañas y llenamos nuestros muros de facebook con la denuncia del último asesinato, mientras nos damos calor y nos quitamos juntas el miedo, ¿qué hace la otra mitad de la sociedad? ¿Qué hacen los hombres?.

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Todas las mujeres

 

Publicado originalmente en eldiario.es, blog Desde el Sur

Una, utilizada por un famoso psiquiatra en el momento más vulnerable de su vida. Otra, abusada por su ginecólogo estando embarazada. La tercera tuvo que dejar su trabajo, e irse al paro, para dejar de sufrir el acoso sexual y laboral del jefe encantador que la convenció de que fichara por su empresa. La cuarta aún recuerda lo sufrido en su infancia y aquel hombre que la manoseó durante las fiestas del pueblo. La quinta tuvo que salir de su casa a la carrera y refugiarse en un centro de acogida. La sexta fue asaltada mientras estaba de vacaciones. La séptima se libró por los pelos y durante mucho tiempo guardó en el bolso un spray antivioladores. La octava aún está averiguando cómo bloquear a su ex, que la atosiga a llamadas, mensajes, emails y se presenta sin avisar en su portal. La novena se quedó petrificada cuando el cerrajero que acababa de forzar su puerta le sugirió que pagara con sexo. La décima se siente con suerte, todo lo que puede recordar son imágenes de hombres frotándose contra ella en el autobús. Entonces ni siquiera sabía que eso podía ser delito.

Completar este listado no ha necesitado tirar de google. Ni de hemeroteca. Ni de teléfono. No he tenido que ir muy lejos para conocer estas historias. No hay que alejarse mucho, ni asomarse a ningún telediario o crónica de sucesos para encontrar relatos parecidos a estos. Les ocurren a todas (casi todas) las mujeres. Y no hablo de casos de micromachismo, de discriminación laboral o de sexismo en las relaciones sociales, sobre los que queda tanto por discutir. Hablo de situaciones de violencia. ¿No me crees? ¿Te parece que exagero? Haz la prueba. Haz memoria. Pregunta a tu alrededor.

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Caso cerrado, caso abierto

Publicado en eldiario.es

¿Han obtenido justicia las tres mujeres víctimas de abusos sexuales sistemáticos a manos del ex decano de la Facultad de Educación?  La sentencia conocida esta semana, casi siete años de cárcel, debería hacernos pensar que sí.  La decisión de la Universidad de Sevilla de suspenderlo cautelarmente de sus funciones una vez conocido el fallo, se supone que también. Pero no. Qué va. Ni mucho menos. Los detalles que vamos conociendo del caso, desde que empezaron a cometerse los abusos hasta hoy, más de una década después, provocan más dudas, estremecimientos y rabia. Mucha rabia.

¿Han hecho el juez, la Universidad, la Facultad, todo lo que podían para proteger a estas mujeres durante este tiempo? Muchos elementos apuntan a que no. No del todo, al menos. Pero la opción contraria, que todo fue correcto, es si cabe más dolorosa.

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