Etiquetado: PSOE

Susana sí, Pedro tampoco

Susana Díaz y Pedro Sánchez participan el próximo lunes en un acto en Granada

Dicen los veteranos que nunca, desde el pulso entre guerristas y renovadores de finales de los 80, el PSOE había estado tan dividido ni se había enfrentado a una situación tan crítica. Con el agravante, nada banal, de que entonces el partido ocupaba el Gobierno de España y contaba con el apoyo de más de nueve millones de votos. Hoy, las sucesivas debacles electorales desde el año 2011 y una guerra interna que se prevé sangrienta amenazan con conducir al partido, no a un fin de época, sino como hace un tiempo escuché decir con pesadumbre a una destacada personalidad socialista, a un “fin de historia”.

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Paremos un poco

Carteles de los partidos políticos para la campaña electoral.

Foto: EFE

Depositado el voto, vaciadas las urnas, fregados los colegios electorales, enrolladas las pancartas, lamidas las heridas, quizá ha llegado el momento de parar un poco. De detenerse a pensar. De hacer recuento. De respirar. Dos años y medio de campaña electoral constante, impenitente, machacona, deberían ser suficientes. Quien pueda sumar 176 votos en el Congreso, que sea presidente. Quien no, que acepte su papel en la oposición. Para unos y otros, toca poner en pausa el tiempo de los eslóganes, de las sonrisas, de los gatos y de las flores, del non-stop de tertulias, de los vídeos virales, de encuestas de mentira, del troleo en twitter, de este ruido cada vez más hueco y superficial que tal vez dispara el share pero que ha conseguido que hasta los que siempre hemos disfrutado del juego de la política nos sintamos empachados.

Creo que todos necesitamos un respiro. No es soportable, ni siquiera sano, vivir en este estado de movilización constante, de sobresalto tras sobresalto, de enfado tras enfado. También los partidos necesitan bajar el balón al suelo. Hacer balance, repensar estrategias, definir nuevas formas de trabajo y de negociación en un escenario muy fragmentado en el que ninguno tiene experiencia previa. Es el momento de ir un poco más despacio, de mirarse al espejo, de recomponerse.

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Postureo del bueno

Publicado en eldiario.es

Hace unos días una amiga, afiliada a Podemos, me explicaba su decisión de abandonar IU, su opción de siempre, en términos sobre todo prácticos: los de Pablo Iglesias, argumentaba, quieren ganar y saben cómo hacerlo. Si eso implica dar marcha atrás en sus promesas de juventud (como la renta básica universal), remodelar sus mensajes, pintar líneas rojas que hasta ahora no conocíamos o exagerar un poquito en sus discursos públicos, sea. Es preferible algo de picardía política  y  conquistar votos a ser los más puros del cementerio, venía a decir.

Ayer los de Podemos volvieron a dar, en el el estreno del Congreso de los Diputados, un ejemplo de ese estilo efectista y pragmático, cuidadosamente calculado, muy rentable hasta ahora en términos de imagen y estrategia, pero que puede caer en la sobreactuación. El cabreo de Pablo Iglesias contra el PSOE por el acuerdo para la composición de la Mesa de la Cámara -“qué vergüenza, Pepa, qué vergüenza”, repetía con voz grave en la SER- sonaba forzado e incluso teatral. Las promesas del cargo trufadas de denuncia social, puño en alto, un poquito demasiado ensayadas. Incluso los abrigos colgados informalmente en el respaldo de los asientos, en lugar de en los percheros de la entrada, como se hace habitualmente, daban qué pensar.

Y sí, también que Carolina Bescansa se presentara en el hemiciclo con su bebé, que pasó de mano en mano para atraer a los fotógrafos. Una decisión respetable en lo personal pero confusa y  discutible en lo político, con la que pretendían -han explicado- reivindicar la conciliación familiar y laboral de las mujeres. ¿Postureo? Tal vez, reconocen los simpatizantes morados. Pero por una buena causa.

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¿Entreguismo o astucia?

¿Acierta Ciudadanos con su geografía variable -apoyo a Cifuentes en Madrid y a Susana Díaz en Andalucía? ¿O es una traición a sus electores, como dicen otros?

En el cine y las series de televisión, desde la idealista El Ala Oeste (mi favorita) a la diabólica House of Cards, pasando la inclasificable y absurda Scandal, los estrategas políticos son siempre esos tipos (y tipas) trajeados y astutos que tienen la mala manía de acertar siempre, y cuyas tácticas logran indefectiblemente su objetivo. Con más o menos escrúpulos, con ejemplos de ética dignos de un Nobel o arrojando al enemigo delante de un tren, al final 9 de cada 10 veces consiguen salirse con la suya. Pero en la vida real (¡ay, demasiado real a veces!), hemos aprendido que a menudo esos gurús de 300.000 euros al año son un poco como los pimientos de padrón. A veces aciertan, y otras…

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Maldito (o bendito) lío

Publicado en eldiario.es, blog Desde el Sur
El resultado de las elecciones autonómicas y municipales ha dejado un escenario político más fragmentado que nunca. Un modelo más plural y con aire fresco, celebran los optimistas, en el que las mayorías absolutas son una reliquia, los ciudadanos toman la voz y frente al autoritarismo se impone el diálogo constante, la transparencia y la ejemplaridad como forma de gobernar. Un sistema inestable y explosivo, previenen de su lado los agoreros, que anticipan un Congreso de los Diputados ingobernable, presidentes del Gobierno sostenidos por cinco o seis partidos con exigencias tal vez irreconciliables, estrategias cortoplacistas y, en definitiva, un esquema a la italiana, caldo de cultivo de chantajes políticos o, peor, de corrupción.

Tengan razón unos u otros, o si nos quedaremos en el medio, lo cierto es que el panorama obliga a cambiar la forma de hacer política de una manera que ni los antiguos ni tampoco los nuevos actores han practicado nunca en una España marcada por el bipartidismo desde los orígenes de la democracia. Todo apunta a que no habrá demasiados acuerdos estables entre partidos, con el habitual reparto de consejerías o delegaciones, sino apoyos puntuales que van a obligar a un cierto contorsionismo político y a la negociación permanente. Un nuevo tiempo que genera ilusión, y también interrogantes. Entre otros, lo que pasará estas próximas semanas y meses.

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Debate con fantasmas

Por bronco y duro que por momentos ha sido el debate sobre el Estado de la Nación, da la sensación de que para los grandes partidos -y aquí hay que incluir también a IU- ha sido una especie de oasis, un paréntesis de tranquilidad en un escenario político cada vez más desconocido, inmanejable e ingrato para las fuerzas políticas tradicionales. Cierto que los fantasmas de los ausentes -Podemos, Ciudadanos, Susana Díaz- no han dejado de sobrevolar el hemiciclo, pero de alguna forma Mariano Rajoy, Pedro Sánchez y Alberto Garzón se han puesto de acuerdo en ignorarlos, en fingir que ninguno de ellos podía verlos. Debatir como si no existieran era un lujo inesperado. Los han mencionado, pero casi siempre de pasada, como si para ninguno de ellos fuera una preocupación importante. Había que aprovechar la ocasión, quizá la última, en que las viejas reglas de juego de la política seguían siendo válidas y el terreno sobre el que pisaban parecía firme, y no arenas movedizas.

El debate era, así, una oportunidad única que no todos han sabido aprovechar. Quizá Pedro Sánchez ha sido el que mejor ha sabido poner mejor de parte. Tal vez porque tenía más que perder que nadie o porque partía de una posición de mayor desventaja. Seguramente porque pocos dan un duro por él. Un familiar cercano, votante progresista de siempre, me decía hace poco que su problema con el PSOE no era que estuviera en desacuerdo con sus propuestas, sino que, sencillamente, había dejado de prestar atención a lo que decían. Ya no le interesaban.

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¿Suicidio político o jugada maestra? Siete hipótesis (+1) sobre el giro a la derecha de Rajoy

Publicado en eldiario.es andalucía, blog Desde el Sur

¿Le merece la pena a Mariano Rajoy la profunda convulsión, tanto social como dentro de sus filas, que han provocado las leyes del aborto y de seguridad ciudadana? ¿Qué espera conseguir el Gobierno con un giro hacia la derecha que lo aleja de los votantes de centro, aquellos que lo catapultaron hacia la mayoría absoluta dos años atrás? Los analistas están divididos: unos opinan que buscar refugio en el ala más conservadora es un suicidio político y otros lo consideran un movimiento astuto para conservar el poder. Pero puede haber más posibilidades.

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