Etiquetado: Mariano Rajoy

Déjame jugar contigo, Donald

Publicado en eldiario.es

Los expertos en psicología lo denominan “el triángulo del bullying”: los tres perfiles sobre los que se sostiene una situación de acoso. Está el acosador, está la víctima, y están los testigos. A primera vista estos últimos pueden parecer una figura menor en la historia, pero son en realidad la pieza maestra sin la cual el engranaje de la violencia no podría seguir en movimiento. Los psicólogos distinguen entre espectadores activos o reforzadores, que son los que jalean al abusón, le ríen las gracias, le justifican y en ocasiones pueden incluso imitar sus acciones. Y están los espectadores pasivos o ajenos, que observan, callan, se dan excusas para no actuar. Unas veces, por miedo a ponerse en la diana. Otras, porque la pertenencia al club de los fuertes les ofrece ventajas a las que no desean renunciar.

En su relación con el Bush de las armas de destrucción masiva, la ‘Patriotic Act’ y la apocalíptica invasión de Irak, José María Aznar se comportó como los primeros. Maravillado de ver sus propios zapatos sobre la mesa de los jefes, apoyó una guerra ilegal, propagó sin empacho la mentira de las armas y autorizó el paso por España de presos camino de Guantánamo. Todo para sentir sobre su hombro la mano de un Bush al que ahora algunos empiezan a recordar con inquietante ternura (lo cual demuestra que la historia se reescribe cada minuto y que no hay refrán más cierto que aquel que dice que “alguien llegará que bueno te hará”).

Mariano Rajoy, ya lo sabemos, no se parece Aznar. Pero el presidente también parece desear un hueco en la nueva foto de las Azores, aunque sea en una esquinita, aunque no sea esta vez su flequillo el que despeine el viento. Al menos eso puede interpretarse de su medrosa llamada telefónica de esta semana a un matón político como es Donald Trump.

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¿Nos hemos perdido algo en el escándalo Soria?

Hay quien cree en los Reyes Magos, hay quien cree en los gnomos, hay quien cree en las casualidades y hay quien cree que en el PP es normal que se produzcan rebeliones internas espontáneas en contra de una decisión avalada por Mariano Rajoy. Si me preguntan a mí, yo sólo creo en los Reyes Magos (y no en todos). Así que permítanme que, con razón o sin ella, levante una ceja ante la insólita cascada de críticas desatada estos días entre algunos dirigentes del PP a cuenta del retiro de oro en el Banco Mundial que el Gobierno había buscado para el ex ministro Soria, implicado en el caso de los papeles de Panamá. Una polémica que ha acabado con la renuncia del ex ministro al puesto, anunciada este martes.

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¿Perdió Rajoy?

Publicado en eldiario.es, blog Desde el Sur

Que un desprecio a la democracia como el que protagonizó Rajoy al huir del debate del lunes sea al mismo tiempo un probable acierto estratégico y de campaña dice bastante del camino que todavía tiene que recorrer la sociedad española en términos políticos. Esta ausencia sería inadmisible en la mayoría de países de nuestro entorno, y es verdad que también aquí en España daña de forma evidente la imagen del presidente, escondido en Doñana.

Pero los gurús del PP han hecho sus cálculos y creen que hubiera sido peor ir al debate: Rajoy es demasiado viejuno y anticuado para el modernismo de Albert, Pedro y Pablo. También está demasiado tocado por el escándalo Bárcenas. No. Los cerebros de Génova están convencidos de que la estrategia del avestruz era la menos mala. Y lo más frustrante y desalentador, a la luz de unas encuestas que no dejan de situar al PP como primera fuerza el 20D, es que puede que tengan razón.

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Debate con fantasmas

Por bronco y duro que por momentos ha sido el debate sobre el Estado de la Nación, da la sensación de que para los grandes partidos -y aquí hay que incluir también a IU- ha sido una especie de oasis, un paréntesis de tranquilidad en un escenario político cada vez más desconocido, inmanejable e ingrato para las fuerzas políticas tradicionales. Cierto que los fantasmas de los ausentes -Podemos, Ciudadanos, Susana Díaz- no han dejado de sobrevolar el hemiciclo, pero de alguna forma Mariano Rajoy, Pedro Sánchez y Alberto Garzón se han puesto de acuerdo en ignorarlos, en fingir que ninguno de ellos podía verlos. Debatir como si no existieran era un lujo inesperado. Los han mencionado, pero casi siempre de pasada, como si para ninguno de ellos fuera una preocupación importante. Había que aprovechar la ocasión, quizá la última, en que las viejas reglas de juego de la política seguían siendo válidas y el terreno sobre el que pisaban parecía firme, y no arenas movedizas.

El debate era, así, una oportunidad única que no todos han sabido aprovechar. Quizá Pedro Sánchez ha sido el que mejor ha sabido poner mejor de parte. Tal vez porque tenía más que perder que nadie o porque partía de una posición de mayor desventaja. Seguramente porque pocos dan un duro por él. Un familiar cercano, votante progresista de siempre, me decía hace poco que su problema con el PSOE no era que estuviera en desacuerdo con sus propuestas, sino que, sencillamente, había dejado de prestar atención a lo que decían. Ya no le interesaban.

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¿Suicidio político o jugada maestra? Siete hipótesis (+1) sobre el giro a la derecha de Rajoy

Publicado en eldiario.es andalucía, blog Desde el Sur

¿Le merece la pena a Mariano Rajoy la profunda convulsión, tanto social como dentro de sus filas, que han provocado las leyes del aborto y de seguridad ciudadana? ¿Qué espera conseguir el Gobierno con un giro hacia la derecha que lo aleja de los votantes de centro, aquellos que lo catapultaron hacia la mayoría absoluta dos años atrás? Los analistas están divididos: unos opinan que buscar refugio en el ala más conservadora es un suicidio político y otros lo consideran un movimiento astuto para conservar el poder. Pero puede haber más posibilidades.

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Polvorones americanos

“Obama sin teleprompter es menos Obama“, resume un amigo, analista político, para explicar una de las razones del fiasco de su primer debate electoral contra Romney. Puede ser verdad. Al presidente norteamericano se le veía perdido, apático, como un Sansón recién pelado frente a su contrincante, sorpresivamente dinánimo y despierto. La cabeza baja, demasiado pendiente de los papeles preparados por sus asesores, quizá con la mente en otra parte. El día después, queriendo arreglar tarde y mal los errores de estrategia cometidos, el candidato demócrata dijo que su vecino de estrado “no era el verdadero Mitt Romney”. Cierto. Tanto como que, en la tribuna opuesta, tampoco parecía estar el verdadero Obama, autor (o al menos talentoso intérprete) de alguno de los discursos políticos más recordados de la reciente historia norteamericana.

Sus enemigos lo llaman desde hace tiempo ‘teleprompter president’. Aquí somos un poco más llanotes y hablamos de políticos polvorón: si les quitas el papel, se desmoronan. Obama lleva cuatro años sin despegarse del aparatito, que le permite hilar parrafadas increíbles sin ni siquiera pestañear. Pero esa dependencia ha podido hacer que sus músculos dialécticos se ablanden. Y se notó en el debate, donde se le veía algo fofo, sin reflejos.

En nuestro país el uso de esta tecnología todavía está muy poco extendida. Salvo alguna ocasión especial como los mensajes televisados de fin de año, o Esperanza Aguirre en la Asamblea de Madrid, el cacharrito -también llamado autocue– apenas sale de los telediarios.

Personalmente, no estoy en contra de su uso. Sobre todo si la alternativa es que nuestros representantes públicos suban y bajen de la tribuna sin levantar ni una vez la nariz de sus apuntes, como se ve por desgracia con frecuencia entre muchos parlamentarios y más de un ministro. Leer en una pantalla permite mantener el contacto con el oyente, favorece la empatía y la conexión con la audiencia. Pero, como todo, hay que utilizarlo con prudencia y mesura. Ya hay caso de políticos a los que se les ha pillado tirando de esta chuleta para decir el “sí, juro” de su toma de posesión. Y muchos que no son capaces de reaccionar cuando el sistema falla. Le pasó al presidente electo de México, Enrique Peña Nieto, en esta entrevista con la CNN, en la que hace extrañísimas (y eternas) pausas en medio de sus respuestas, ante un presentador atónito.

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A Obama le ha hecho ya varias jugarretas, y ya circulan elaboradas parodias al respecto. En este mítin lo vemos pedir ayuda a su equipo con gestos nada sutiles tras fallar el aparato, incapaz de continuar su discurso sobre la reforma sanitaria.

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Los republicanos no han dudado en aprovechar estos traspiés para burlarse del presidente, pero su candidato, famoso ya por sus patinazos verbales, tampoco se ha librado de algún accidente. En esta intervención ante la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (NAACP), Romney utiliza una famosa reflexión de Martin Luther King. Al terminar, y con la misma solemnidad, declama: “end of quote” (fin de la cita).

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Pero no culpemos de estos fallos a la tecnología. La mayoría de las veces son, escrictamente, errores humanos. Cuando el político no tiene claro su mensaje, no se para un minuto a pensar en lo que va a decir y tira de papelito, la imagen que traslada al público es de flojera, falta de discurso propio, o ambas cosas. Da igual que la nota en cuestión sea impresa o en pantalla. Y si no, basta recordar a Rajoy y los problemas con su propia letra.

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Por supuesto, que Obama no tuviera su querido teleprompter no es el único motivo por el que Romney ganó esta primera batalla televisiva. Ha sido determinante la decisión estratégica del equipo de campaña demócrata de no emplear alguna de las armas más obvias contra el republicano: su famoso desprecio por el 47% de sus compatriotas, lo poquísimo que paga de impuestos, su tenebroso historial como tiburón de las finanzas. ¿Se lo guarda Obama para el segundo debate, previsto en Nueva York para el día 16? Posiblemente, pero está por ver si ha sido un acierto. Algunos corredores reservan sus energías para la última vuelta y les funciona. Nada más cinematográfico que un KO en el último round. Pero es una apuesta, y, como tal, también puede perderse.

De mal en Rajoy, en 10 frases

© Pep Carrió

Mariano Rajoy ha tardado nueve meses en conceder sus primeras entrevistas, hace unos días a ABC y ayer a Televisión Española. No está acostumbrado a contestar a las preguntas de los periodistas, y se le nota. Al Presidente, que hasta ahora ha evitado las ruedas de prensa, ha llegado a huir literalmente de las cámaras por los pasillos y decidió por sorpresa anular el Debate sobre el Estado de la Nación, se le veía ayer incómodo, a la defensiva, hasta ligeramente irritado ante alguna de las cuestiones planteadas por los cinco periodistas seleccionados por la cadena.

Con estas dos apariciones ante los medios, Rajoy ha hecho un intento para aliviar el creciente enfado de los españoles con un Gobierno que, como el de Zapatero, pretende cargar el muerto de su descrédito a los ‘fallos de comunicación’. Pero es muy difícil dar una explicación coherente a unos recortes tan indiscriminados, y más cuando lo primero que falla es la empatía con los ciudadanos. Cómo vas a convencer a alguien de nada cuando parece costarte tanto ponerte en su piel, o en sus zapatos. El famoso ‘que se jodan’ es un ejemplo descarnado de ese alejamiento cada vez mayor de los españoles de a pie.

Es lo que han transmitido las dos entrevistas del Presidente. Monocordes, almidonadas, frías. Alejadas de la realidad. “Hay que hacerlo, hay que hacerlo, créanme ustedes”, pedía ayer a los periodistas en TVE, reconociendo involuntariamente su propio fracaso en esta estrategia de comunicación, su incapacidad de conectar con esa masa social que hace nueve meses se entregó ciegamente al PP y que hoy navega entre la desesperación y la ira. “Me gustaría que esta entrevista hubiera servido para poder explicarme”, concluía anoche con visible frustración. Rajoy no logró su propósito porque no está siendo capaz de conectar con la realidad cotidiana de la gente. Se puede ver en estas diez frases, seleccionadas de ambas entrevistas.

1. “Quien me ha impedido cumplir mi programa ha sido la realidad”. Como Felipe II y su malograda Armada Invencible, Rajoy no contaba con los elementos. ¿Esperaba que desde el minuto uno los mercados financieros se rindieran incondicionalmente, estremecidos de confianza en la economía española, que el empleo fluyera por miles cada día…? Pero si algo es gobernar es lidiar con los elementos.

2. “Nunca prometí milagros”. Demos por bueno -siendo muy buenos- que no los prometió (ni siquiera aquellos 3,5 millones de empleos de González Pons…) Pero por lo visto él sí que esperaba uno. Un gran milagro que le sacara las castañas del fuego sin mover un dedo.

3. “Hemos tomado medidas que, desde luego, yo en una situación normal no hubiera tomado de ninguna manera”. ¿Acaso pensaba Rajoy, cuando juró su cargo, que el país que iba a gobernar estaba en una situación normal? ¿O confiaba en que se normalizara por ensalmo en el mismo momento en el que la gaviota azul aterrizara en La Moncloa? ¿Y por qué me suena eso de “normal” a “como Dios manda”?

4.  “Los recortes no han afectado a los pensionistas”. En esa realidad paralela del Presidente, los pensionistas no pagan más por sus medicinas, ni sufren el incremento del IVA, ni el parón de la Ley de Dependencia… Y para añadir más confianza, añade: “Si hay algo que no tocaré serán las pensiones”.

5. “La reforma laboral ha funcionado muy bien (…) Estoy contento (…). Se hacen EREs, pero ya no son de expulsión del puesto de trabajo. Son ERE, a lo mejor, de suspensión. Ahora no se puede, pero luego volverá usted. (…) Es una buena reforma, ha sido aplaudida por mucha gente”. Un mensaje incendiario para los cinco millones de parados cuya única oportunidad de trabajo es ahora el desbroce de montes y la extinción de incendios, un programa que parece diseñado para redimir el pecado de recibir una prestación por desempleo.

6. “Lo más importante para crecer y crear empleo, que es el gran objetivo nacional, es cumplir el déficit público. Yo lo único que le aseguro es que nuestros compromisos de déficit público los vamos a cumplir”. ¿Por qué sigue empeñado el Gobierno en que sólo con cumplir las condiciones de nuestros acreedores va a crearse empleo? ¿Está creando empleo Grecia?¿Lo hace Portugal?

7. “Yo no voy a anunciar cuáles son las líneas rojas”. Porque no las tengo, podría haber dicho en un rapto de sinceridad.

8. “Las primas, los diferenciales de los tipos de interés, no responden a los fundamentos de las economías. Responden a las dudas sobre el euro”. ¿No fue la hoy vicepresidenta del Gobierno la que dijo aquello de que “la prima de riesgo de España se llama Rodríguez Zapatero”?.

9. “Hay una excesiva regulación por parte de los gobiernos autonómicos y también por parte del Gobierno central. En España sobra regulación y necesitamos muchas más facilidades para que la economía pueda funcionar mejor”. ¿Se refiere al papeleo innecesario? ¿O a relajar los controles y la vigilancia sobre las actividades de las empresas y los posibles abusos? ¿Está hablando de aprobar leyes a la medida de los caprichos del magnate Adelson? ¿El timo de las preferentes no podría haberse evitado con un poco más de esa regulación de la que abomina nuestro presidente? ¿Y el desastre de Bankia? ¿Y la estafa de Ruiz Mateos?

10. “Mucha gente no entiende lo que hace el Gobierno. Quizá porque no lo explicamos bien”.