Etiquetado: Comunicación Política

Donde más duele

Publicado en eldiario.es

Para muchos, el esperado mitin de Susana Díaz y José Luis Rodríguez Zapatero de este viernes en Jaén  tiene el morbo de ser el (penúltimo) pistoletazo de salida en la carrera por el poder en el PSOE. Frente a los eventos bastante descafeinados de  Pedro Sánchez en Valencia y Asturias, y la relativamente modesta demostración de los críticos ayer en Sevilla, el partido ha preparado en esta ocasión un baño de militancia. El eslógan: los diez años de la aprobación de la Ley de Dependencia, un hito histórico que sirve también a la presidenta andaluza para retomar la iniciativa en un terreno, el de las políticas sociales, que seguramente nunca habría imaginado que pudiera convertirse en uno de sus flancos débiles.

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¿Cómo le gustan los huevos a Pablo Iglesias?

Imagen de la película 'Novia a la fuga'

“¿Cómo le gustan los huevos?”, preguntaba Richard Gere a los ex prometidos de Julia Roberts en la comedia romántica Novia a la fuga. “Escalfados, como a mí”, decía uno. “Revueltos, como a mí”, afirmaba con seguridad el otro. “En tortilla, como a mí”, replicaba un tercero. Si el personaje interpretado por Roberts conquistaba a todos no era por ninguna cualidad concreta que todos adorasen de manera unánime. Más bien, el secreto de su éxito era justo el contrario: saber reflejar, como un espejo, todos los deseos y expectativas de su pareja de turno. Cada uno de ellos estaba convencido de que su chica era exactamente igual que ellos. Tal vez, hasta ella lo pensaba también, según el momento.

Si saliéramos a la calle y preguntáramos a los votantes de Podemos: ¿Quién es Pablo Iglesias?, quizá nos encontraríamos con respuestas parecidas. “Comunista, como yo”, “anticapitalista, como yo”, “socialdemócrata, como yo”, “chavista, como yo”, “independentista, como yo”, “patriota, como yo”, “feminista, como yo”, “macho alfa, como yo”, “defensor del derecho a llevar armas, como yo”.

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Postureo del bueno

Publicado en eldiario.es

Hace unos días una amiga, afiliada a Podemos, me explicaba su decisión de abandonar IU, su opción de siempre, en términos sobre todo prácticos: los de Pablo Iglesias, argumentaba, quieren ganar y saben cómo hacerlo. Si eso implica dar marcha atrás en sus promesas de juventud (como la renta básica universal), remodelar sus mensajes, pintar líneas rojas que hasta ahora no conocíamos o exagerar un poquito en sus discursos públicos, sea. Es preferible algo de picardía política  y  conquistar votos a ser los más puros del cementerio, venía a decir.

Ayer los de Podemos volvieron a dar, en el el estreno del Congreso de los Diputados, un ejemplo de ese estilo efectista y pragmático, cuidadosamente calculado, muy rentable hasta ahora en términos de imagen y estrategia, pero que puede caer en la sobreactuación. El cabreo de Pablo Iglesias contra el PSOE por el acuerdo para la composición de la Mesa de la Cámara -“qué vergüenza, Pepa, qué vergüenza”, repetía con voz grave en la SER- sonaba forzado e incluso teatral. Las promesas del cargo trufadas de denuncia social, puño en alto, un poquito demasiado ensayadas. Incluso los abrigos colgados informalmente en el respaldo de los asientos, en lugar de en los percheros de la entrada, como se hace habitualmente, daban qué pensar.

Y sí, también que Carolina Bescansa se presentara en el hemiciclo con su bebé, que pasó de mano en mano para atraer a los fotógrafos. Una decisión respetable en lo personal pero confusa y  discutible en lo político, con la que pretendían -han explicado- reivindicar la conciliación familiar y laboral de las mujeres. ¿Postureo? Tal vez, reconocen los simpatizantes morados. Pero por una buena causa.

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¿Perdió Rajoy?

Publicado en eldiario.es, blog Desde el Sur

Que un desprecio a la democracia como el que protagonizó Rajoy al huir del debate del lunes sea al mismo tiempo un probable acierto estratégico y de campaña dice bastante del camino que todavía tiene que recorrer la sociedad española en términos políticos. Esta ausencia sería inadmisible en la mayoría de países de nuestro entorno, y es verdad que también aquí en España daña de forma evidente la imagen del presidente, escondido en Doñana.

Pero los gurús del PP han hecho sus cálculos y creen que hubiera sido peor ir al debate: Rajoy es demasiado viejuno y anticuado para el modernismo de Albert, Pedro y Pablo. También está demasiado tocado por el escándalo Bárcenas. No. Los cerebros de Génova están convencidos de que la estrategia del avestruz era la menos mala. Y lo más frustrante y desalentador, a la luz de unas encuestas que no dejan de situar al PP como primera fuerza el 20D, es que puede que tengan razón.

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¿Entreguismo o astucia?

¿Acierta Ciudadanos con su geografía variable -apoyo a Cifuentes en Madrid y a Susana Díaz en Andalucía? ¿O es una traición a sus electores, como dicen otros?

En el cine y las series de televisión, desde la idealista El Ala Oeste (mi favorita) a la diabólica House of Cards, pasando la inclasificable y absurda Scandal, los estrategas políticos son siempre esos tipos (y tipas) trajeados y astutos que tienen la mala manía de acertar siempre, y cuyas tácticas logran indefectiblemente su objetivo. Con más o menos escrúpulos, con ejemplos de ética dignos de un Nobel o arrojando al enemigo delante de un tren, al final 9 de cada 10 veces consiguen salirse con la suya. Pero en la vida real (¡ay, demasiado real a veces!), hemos aprendido que a menudo esos gurús de 300.000 euros al año son un poco como los pimientos de padrón. A veces aciertan, y otras…

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Fotos con piel de plátano

Publicado en eldiario.es, blog Desde el Sur

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Los anglosajones, que han inventado una palabreja para casi todo, las llaman ‘photo-ops’. Son momentos fotográficos cuidadosamente preparados para lanzar un mensaje concreto. Obama abrazando en el despacho oval a la enfermera curada de ébola. Fraga saliendo del agua en Palomares. Arias Cañete zampando ternera en plena crisis de las vacas locas. La presencia de los dirigentes mundiales en la manifestación de este fin de semana en París estaba pensada para transmitir un mensaje de liderazgo frente el terrorismo y de cercanía ante la tragedia con los cientos de miles de ciudadanos que se manifestaban en las calles. ¿El resultado? Exactamente el opuesto: la imagen captada desde un tejado muestra una élite distanciada del pueblo, protegida de los propios manifestantes, aislada. A todos los efectos, una foto con efecto boomerang.

Hay veces que estas imágenes tan preparaditas se revientan por imprevistos, por la gracieta de un fotógrafo o por simple mala suerte. Un pavo le picó en la entrepierna a Bush en un posado antes del tradicional thanksgiving. El alcalde de Londres quiso promocionar las olimpiadas lanzándose en tirolina y se quedó atascado y colgando en mitad del trayecto, para recochineo del público asistente. A David Cameron un jugador de rugby le puso los cuernos en una foto de grupo. Jean-Claude Juncker no tuvo otra ocurrencia que saludar a nuestro ministro De Guindos en Bruselas agarrándolo por el cogote, delante de toda la prensa. El eurocomisario Fischler visitó Jaén en plena guerra de la PAC para demostrar que no era el demonio de los olivareros y acabó en las noticias como el guiri que le dio un mordisco a una aceituna cruda.

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No se enteran

Publicado en eldiario.es (blog desdeelsur)

Lo ocurrido en el Parlamento andaluz con la subida en secreto de las dietas de los diputados nos ha enseñado que para ser verdaderamente transparentes no basta con abrir las ventanas y dejarse ver, sino que también hay que asomarse para aprender a mirar. Porque lo cierto es que nuestros políticos siguen sin enterarse. Los pesados cortinajes del poder tras los que se ocultan no sólo no permiten a los ciudadanos conocer lo que hacen y cómo lo hacen: también les aíslan y les impiden ver la realidad que hay aquí fuera. Y aquí fuera las cosas no están para bromas.

Da igual que la subida aprobada fuera mínima, o que afectara a muy pocos diputados –sólo los portavoces adjuntos-. Da igual que, con cifras en la mano, se pueda demostrar que nuestros políticos no cobran precisamente millonadas. En estos tiempos inclementes toca no sólo tener una especial sensibilidad, sino también un poquito más de vista. No se puede esperar la comprensión de unos ciudadanos -sin ir más lejos, los mismos periodistas a los que les toca informar de este bochornoso episodio- que cargan a sus espaldas años de escabechinas en sus salarios, pérdida de derechos y despidos masivos.

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