Heroínas

Foto oficial de la película 'Los juegos del Hambre'

“Me habría gustado que te cayeras, para así poder ayudarte”. Me lo susurró bajito, desde su saco de dormir, justo antes de quedarse dormido. Los dos estábamos tiritando de frío, con el abrigo puesto, calcetines en las manos, el cuerpo encogido al fondo de la tienda de campaña. Mirándonos en la oscuridad con la rabiosa felicidad de nuestros 20 años, tras un día de agotadora excursión por la sierra. No, yo no me había caído. Había seguido el ritmo con mis botas nuevas, feliz como una perdiz, trepando por las piedras, atravesando riachuelos, observando pájaros y bichos. Mientras, su primo cargaba a caballito a su novia casi la mitad del camino, entre grititos, por miedo a que se tropezara. Me estaba riendo al recordarlo, abrazada a él, con los ojos casi cerrados, cuando me dijo al oído: “Me habría gustado que te cayeras tú, para poder ayudarte”. Con un tono en el que había un dulce fondo de envidia, de humillación y también de un cierto reproche. Y yo me sentí culpable por no haberme caído. Por no haberle necesitado.

No, no gustan las mujeres fuertes. Por coquetería, por no intimidar, por no parecer arrogantes, por no salirnos del tiesto, nos educan para mostrarnos más débiles e indefensas de lo que realmente somos. Nos faltan más referentes a nuestro alrededor que nos enseñen que no debemos tener miedo a ser las más listas de la reunión, que podemos ir de pie en el autobús, que no hace falta ocultar que sabemos montar estanterías de Ikea sin ayuda, que incluso con tacones (y dos copas) somos capaces de volver a casa solas.

Necesitamos menos Bellas y más bestias como Amy Schumer, la cómica americana que no tiene miedo a decir tacos o hablar de sexo y que consigue transmitir los valores feministas por la vía más rápida: el humor. Necesitamos más personajes como la protagonista de Los Juegos del Hambre –esta semana se estrena el último episodio de la saga que no sólo es más fuerte y más valiente que su pareja masculina, sino también (sacrilegio!) más alta. Necesitamos más CJ Cregg, la jefa de prensa de El Ala Oeste de la Casa Blanca, una serie donde no hay mujer (ni hombre) que no sea un asombro de valía, compromiso e inteligencia. Necesitamos más Susanas, más Hillarys, incluso más Angelas Merkel.

Hoy es el día contra la violencia de género y los medios de comunicación se inundan con noticias de asesinatos y con los testimonios de las mujeres maltratadas. Nos sobrecogemos con su sufrimiento, que a menudo reconocemos en personas muy cercanas a nosotros. Escuchamos a los expertos y tomamos conciencia de la importancia de denunciar cada agresión. Es una labor fundamental, imprescindible. Y sin embargo, tengo que confesar que a veces echo en falta un relato que vaya un poco más más allá de presentar a las mujeres como víctimas. Una visión, por el contrario, que alimente nuestra confianza, nuestra autoestima, nuestra libertad. La alegría de haber nacido como somos, sin miedo y sin pedir perdón.

 

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