Nosotros, los políticos

Publicado en eldiario.es, blog Desde el Sur

A veces es difícil resistirse a la tentación de pensar que para arreglar la política basta con arreglar a los políticos. Que existen dos o tres fórmulas sencillas, dos o tres tornillos evidentes que apretar, para que la maquinaria democrática funcione como es debido: listas abiertas, primarias sin restricciones, diputados sin disciplina de voto, declaraciones de bienes, leyes de transparencia, escaño 110, ministros sin coche oficial, alcaldes sin sueldo, concejales sin paro. ¿Ves como no era tan difícil?

Pero quizá las cosas no sean tan sencillas, tan blancas y tan negras. Si lo fueran, seguramente no necesitaríamos ni la política, ni a los políticos.

Las listas abiertas parecen sobre el papel una buena idea, y es muy posible que lo sean. Que los ciudadanos puedan elegir directamente a sus representantes tiene que conducir necesariamente a que aquéllos que mejor lo hacen sean reelegidos y que quienes fallan, reciban su justo castigo.

Pero, ¿ocurre eso en el Senado, donde está implantado este sistema? ¿Pueden los lectores recordar los nombres de los senadores a los que votaron en noviembre de 2011? [conste que he hecho la prueba conmigo misma, como el alcalde de Málaga con su barreño de agua, y que como él estoy dispuesta a repetirla ante notario]. ¿Saben que un tal Bárcenas fue durante dos legislaturas el senador más votado en Cantabria, sin haber pisado apenas la comunidad?

>>Sigue leyendo en eldiario.es/Andalucía

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