Transparencia simulada

Publicado en eldiario.es (blog desdeelsur)

En Ámsterdam las ventanas no tienen cortinas. Al parecer, forma parte de la tradición calvinista: exponer el interior de tu casa a la vista de todos demuestra que no tienes ningún pecado que ocultar. Como todo, también puede leerse al revés. En la genial comedia británica In the loop, el personaje del Secretario de Estado norteamericano se queja del despacho-pecera que le han asignado. “Las oficinas de cristal son para pervertidos”, gruñe a su asistente.

La transparencia está de moda. Tanto que a veces se llega al manoseo indecente de la palabra, como dijo uno de los expertos presentes en las jornadas que se celebraron la semana pasada en Sevilla. La política se ha agarrado a ella como a un clavo ardiendo. Quema, pero quizá sea el último recurso para evitar su descrédito total ante los ciudadanos. Tal vez son calvinistas intachables que quieren demostrar que la casa está impoluta. O quizá la transparencia sea el último cortafuegos frente a la inevitable perversión de la corrupción, como el ludópata que pide en el bingo que no le dejen entrar: ¡Ponedme paredes de cristal, o no respondo! O acaso estemos ante una simulación de transparencia, utilizando la impagable expresión de Cospedal.

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