Romney y las pitas, pitas

© Pep Carrió

Si Mitt Romney conociera a Esperanza Aguirre, el controvertido vídeo recién destapado en el que se le escucha, alto y claro, confesar su desprecio hacia los votantes más humildes no duraría los 1:07 minutos que están colgados en Youtube. Le habrían bastado tres segundos, lo que se tarda en decir “pitas, pitas, pitas“. O un escaso segundillo para soltar un “¡mamandurrias!”. Y quedarse tan ancho, como la ya ex presidenta madrileña cuando se trata de dar ayudas a los jornaleros andaluces, subsidios de emergencia para desempleados o cualquier tipo de subvención pública. Tal vez demasiado castizo para el estiradillo candidato republicano, que sin embargo comparte con la condesa de Murillo su indisimulada inclinación por los valores más derechistas dentro del ámbito conservador.

Al ex gobernador de Massachusetts el desparpajo mostrado ante una audiencia de donantes adinerados le puede terminar de costar su campaña, que ya andaba por otra parte bastante desnortada ante un Obama que mantiene inopinadamente su solidez en las encuestas. Y es que las palabras de Romney son un auténtico torpedo lanzado por él mismo a su mismísima línea de flotación (es decir, a sus mismísimos): consolidan su imagen de ricachón sin escrúpulos, que sólo siente desdén ante quienes considera parásitos sociales. Es decir, aquéllos que esperan (mire usted qué barbaridad), que el Estado ofrezca atención sanitaria, comida o un techo a quienes no tienen manera de lograrlo por sus medios. La verdad es que llamar aprovechados a nada menos que el 47% de los norteamericanos no demuestra, precisamente, la sensibilidad, sentido común y mucho menos la inteligencia política que se espera del inquilino de la Casa Blanca. De los votantes de Obama le faltó decir que son tontos de los cojones, aquella burrada del alcalde de Getafe.

Tal vez las insensatas declaraciones de Romney afiancen el cariño de sus seguidores del Tea Party, pero le alejan claramente de la victoria en las elecciones de noviembre. Las gracietas y salidas de tono de Esperanza Aguirre también divertían y jaleaban los ánimos de la ultraderecha española, y a la vez espoleaban a los electores de centro y de izquierdas en contra del PP. Hoy ese sector ultra del partido está cabreado con Mariano Rajoy casi tanto como lo estaba con ZP. La dimisión de la presidenta madrileña los ha dejado huérfanos dentro del partido, con el amodorrante Mayor Oreja como líder más reconocible. Algunos opinadores han dicho, y con cierta razón, que Rajoy se quita un peso de encima con la salida de escena de la lideresa, encantada de enmendarle la plana a la primera oportunidad. Pero tras ese primer respiro se esconde un peligro: que el Tea Party español pierda el ancla que le mantenía ligado al Partido Popular y caiga en la tentación de volar por su cuenta. Veremos.

Anuncios

Un Comentario

  1. Tomás Utrera

    Interesante post. Sin embargo, la verdad, dudo mucho que el Tea Party español, que existe y empuja cuanto puede, vaya a plantearse de momento una escisión, y menos ahora que está tocando pelo. Tirará de Rajoy hacia la derecha, como lo hizo con Aznar, pero no se expondrá tan fácilmente a una travesía en el desierto. No sin un líder claro, ¿lo tiene?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s