No estamos tan mal

© Pep Carrió

Arrogancia, exceso de velocidad y una fortaleza que resultó no ser tal. Cien años después, sabemos que fue la peligrosa mezcla de estos tres elementos la que hundió el Titanic. Cien días después de su investidura, los resultados de las elecciones en Andalucía y Asturias, y los datos de la última encuesta de Metroscopia para El País han dejado al descubierto las primeras vías de agua en la -parecía- blindada mayoría del PP. Grietas que se van agrandando y que son también muy visibles en las redes sociales, por más que los elefantes y el petróleo hayan podido servir esta semana de providencial cortina de humo en la opinión pública.

Imposible saber si el presidente del Gobierno ha ido al cine a ver la reposición en 3D de la película de James Cameron. O si, ahora que ya no está la ministra Sinde, se ha atrevido a bajársela de pelisyonkis. Lo que sí está claro es que, pese a las señales de alerta de los sondeos, el capitán Rajoy no tiene pensado aflojar la marcha. Al contrario, ha puesto la máquina de los recortes a plena potencia sin pensar que el apoyo popular que lo catapultó a La Moncloa en noviembre pasado se está enfriando y puede llegar a convertirse en un inesperado iceberg, dejándolo más petrificado que al pobre Di Caprio.

El exceso de confianza es una enfermedad potencialmente mortal en política. Que se lo digan a Javier Arenas. El líder del PP predicó la humildad en campaña, pero nunca se la aplicó. Pero no por eso dejaba de ser un buen consejo para esta IX Legislatura que arranca hoy jueves en Andalucía. Contra todo pronóstico, la Junta va a continuar bajo bandera socialista. Contra todo pronóstico, José Antonio Griñán se consolida como un referente indiscutible para su partido. Contra todo pronóstico, va a conservar poder gracias a la suma de votos de PSOE e IU. Pero eso no puede confundirse con una mayoría absoluta.

Como en las generales, en las autonómicas ha habido muchos miles de votos prestados, que van a estar muy vigilantes y que pueden poner rumbo a otras latitudes si se sienten traicionados. El PP se equivocó al dar por sentado que los que le votaron en noviembre volverían a hacerlo automáticamente en Andalucía. Y los socialistas errarían, y mucho, si suman en su marcador mental los votos obtenidos por la coalición de izquierdas. También Valderas debería irse vacunando del mal de altura.

Es lógico, después del batacazo del 20-N, que muchos socialistas entonen ahora, como Zapatero en el año 2000, eso de no estamos tan mal. Pero sin aspavientos, champán ni tarta. Arranca una legislatura extremadamente difícil, con una crisis que no afloja, con un pacto complicado en la Junta y con un PP que, desde el Gobierno, va a tener siempre listos sus torpedos. Como la amenaza de intervención que desde el  mismo 25 de marzo vienen lanzando contra Andalucía, aunque difícilmente se van a atrever a ejecutarla. En estas aguas turbulentas toca, hoy más que nunca, humildad, valentía y temple. Y un buen par de prismáticos.

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